Es algo natural, los niños sufren de gran cantidad de miedos irracionales, como, por otra parte, también seguimos teniéndolos la mayoría de los adultos. Pero, por muy habituales que sean, una de las grandes preocupaciones a las que nos enfrentamos todos los padres es al hecho de ver paralizados o sufriendo a nuestros hijos por culpa de miedos que en muchas ocasiones no tienen un fundamento real.

Por supuesto, una de las mejores maneras que tenemos las personas de superar nuestros miedos es enfrentándonos a ellos, esencialmente para comprobar que esos miedos no tenían fundamento o que se pueden vencer. Pero en el caso de los niños puede ser contraproducente, ya que ante los miedos infantiles es importante actuar con tacto y sensibilidad dado que si no lo hacemos bien, podríamos llegar a aumentarlos.

Por exponerlo claramente, a un niño -especialmente a los más pequeños- le cuesta bastante más que a un adulto vencer su timidez, enfrentarse a un acosador, o dormir con la luz apagada. La razón es que el miedo domina y paraliza más al niño que sufre de él, ya que no suele disponer de la capacidad de razonamiento desarrollada que al adulto -aunque también le cueste- le puede llevar a reflexionar, superar sus temores y dar un paso adelante.

En el caso de los niños, especialmente de los niños más pequeños, la lectura de cuentos suele ser una excelente manera de conseguir que se metan en la piel o se identifiquen con niños o personajes que se enfrentan a dificultades mayores, o con situaciones y escenas que les ayuden a pensar sobre aquello que no les gusta o que les atemoriza. Durante esas lecturas puede ser importante contar con la presencia de un adulto que anime al niño y que le explique aquello que no entienda y, sobre todo, que haga reflexionar al niño acerca de las enseñanzas o moralejas que plantee el cuento.

Porque la lectura de buenos cuentos sí que puede verdaderamente ayudar a los niños a mejorar e ir superando sus miedos. 

De igual manera que los cuentos pueden enseñar otras muchas cuestiones esenciales acerca de la bondad, la amistad, el amor, o la generosidad, así como de todos los sentimientos en general. Evidentemente, si un niño tiene problemas importantes probablemente precisará de la ayuda de un especialista, pero en el caso de la mayoría de los niños, la lectura les ayudará a ampliar su conocimiento del mundo y de la realidad, puesto que la lectura es una actividad más profunda, beneficiosa y reflexiva que cualquier otra.

La lectura crea mundos interiores, potencia la imaginación y la inteligencia. Exactamente lo contrario de lo que hace la televisión, que nos convierte a las personas en seres mentalmente pasivos, pues sus imágenes discurren ante nuestros ojos habitualmente de manera irreflexiva y sin exigir el menor esfuerzo.

Por supuesto, los enormes beneficios de leer (o de leerles) a nuestros hijos deben complementarse con unas buenas relaciones sociales, ejercicio físico y una alimentación sana y equilibrada.